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LA FARAONA RUBIA



 
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Autor Mensaje
Alejandra CV
Aprendiz


Registrado: 07 Oct 2015
Mensajes: 14

MensajePublicado: Dom 13 Ago, 2017 3:59 am    Asunto: LA FARAONA RUBIA Responder citando

LA FARAONA RUBIA
........................
LA HORDA SALVAJE
Egipto-Nuevo Imperio-siglo XIV ac.


El joven fara√≥n Tuthmosis IV ten√≠a diecinueve a√Īos cuando recibi√≥ la Doble Corona (la roja del norte y la blanca del sur) haci√©ndose cargo del Faraonato, al que iba a transmutar por completo.

Y se hizo cargo con el fuego de su juventud, de un pa√≠s que era todo un ej√©rcito enardecido y en movimiento, un imperialismo conquistador en la t√≥nica que su abuelo y su padre hab√≠anlo colocado. Los pa√≠ses vecinos de antigua cultura hall√°banse sometidos como s√ļbditos de Egipto. Pero √©l habr√≠a de cambiarles este concepto, logrando intercambio de embajadores. En un principio debi√≥ ponerse a la cabeza de aquel ej√©rcito, una vez hacia Medio Oriente y otra hacia el sur . Pero a su regreso volvi√≥ cubierto de pactos de paz, que ya no se alterar√≠an por todo un siglo.

Podemos imaginarnos estos muy curiosos pasajes de su vida, cuando el esbelto y refinado monarca reci√©n llegado al trono de Egipto, deb√≠a acampar entre guerreros. Tal como Marco Aurelio escrib√≠a tratados de filosof√≠a en su carpa de campa√Īa, al frente de los ej√©rcitos romanos. Pero Tuthmosis IV tuvo una suerte mucho mayor, pues impuso su personalidad sensible a todo el imperio egipcio.

Hemos de destacar ante todo, su profunda capacidad diplomática que fue la llave de su triunfo. Sin embargo, determinar tratados de paz con los países orientales que nunca habían querido la guerra, no revestía dificultad alguna. Es más, lo anhelaban. Pero ahora encontrábanse los egipcios, junto con este paladín del pacifismo, que ellos habían dejado de ser los agresores, para enfrentarse ante el peligro inminente de invasión por un pueblo bárbaro : ¡Mitannia!...

Una tribu n√≥made que ocupaba su espacio recientemente conquistado, como una tolder√≠a ranquel. Y este peligro amenazaba en com√ļn a todos. A los hombres del Nilo tanto como a los del Medio Oriente. La invasi√≥n. El saqueo. Los incendios. La hordas arias que ya destruyeron la civilizaci√≥n de Sumeria en el a√Īo 2.006 a. C. avanzaban ahora sin piedad dejando a su paso la desolaci√≥n.

Es el ‚ÄúMal√≥n‚ÄĚ, tal como lo conocimos en Argentina en el Siglo XIX (cono sur sudamericano) que destruy√≥ ciudades quem√°ndolas ‚Ķ¬°Y all√≠ est√°n!... Son los mismos en herencia de milenios. El salvaje siempre es igual y no respeta trabajo ni orden, aunque tenga otro color de piel. Los mitanios son muy blancos y de ojos claros, como los b√°rbaros que invadieron Roma.

Son ellos… Los bárbaros depredadores al igual que los temibles caciques patagónicos de Argentina : Pincén, Calfulcurá, Chancaní, Saldán, Catriel, Namuncurá, primitivos y morochos …Pero… los mitannios ¡Son rubios! De bellísimos ojos celestes, piel rosada y manos blanquísimas. Sus mujeres, feroces y salvajes valquirias, tienen una belleza deslumbrante.

Los maloneros de Mitannia no dejan la hierba crecer a su paso, y cuando en el futuro (dentro de un siglo más) avancen sobre las civilizaciones del Valle del Indo, destruirán las ciudades de Harappa y Mohengo Daro. Hablan el idioma persa. No saben vestirse ni lavarse. Cuatrerean simplemente, como Pincén o Saldán. Pero con la ferocidad de los primeros malones.

¡No! … El joven Tuthmosis IV no ama la guerra y desea terminar con ella. Suprimirla. Pero los feroces guerreros arios de Mitannia avanzan hacia él con premura y sin tregua. Poderosos en su orgullo de maloneros triunfantes, los mitanios sonríen ante la vista de Egipto, conscientes de su capacidad bélica, frente a un país ahora pacifista.

Tuthmosis piensa. Sus esperanzas pueden esfumarse como una bruma. Todo este proceso de esplendor humanista y pacifista que va resurgiendo de las cenizas, es el triunfo de la paz, y el nuevo faraón anhela demostrar a los testigos de su época y a los espectadores del futuro, que los hombres pueden progresar, gozar, enriquecerse, cosechar, construir, prosperar y amar; viviendo en una coordinación equilibrada.

Este monarca Tuthmosis IV que ahora representa a Egipto ‚ÄĒun muchacho‚ÄĒ tiene la edad de los remeros, de los bailarines, de los acr√≥batas, de los aprendices Pero ha asumido responsabilidades mucho mayores a todos ellos juntos. Ha renunciado a su propia juventud, como tal, para vivir otra juventud, la juventud de una propuesta. Y √©l no est√° dispuesto ahora ‚ÄĒcuando se han logrado tantos avances en materia de paz internacional‚ÄĒ a retroceder y caer en el juego de los belicistas.

Por los caminos de un pasado pret√©rito que nadie quiere recordar, vuelve sin embargo a la memoria, la barbarie que asol√≥ Sumeria en el a√Īo 2006 a.C. ‚Ķhan pasado cinco siglos‚Ķ ¬°Y los b√°rbaros han vuelto a reaparecer!... tal como sucedi√≥ con Roma. Otra vez las hordas arias preculturales emergen por el horizonte, desparramando p√°nico. La historia est√° presta a enfrentar a todos ellos, de nuevo, con la desolaci√≥n. Aqu√©lla que llev√≥ al rey asi√°tico Ibsha junto con su pueblo, a pedir refugio en Egipto, all√° por el siglo XVIII a.C. En el mismo tiempo que el b√≠blico Abraham ref√ļgiase tambi√©n con toda su familia, en la corte del fara√≥n Amenemhat II de la dinast√≠a XII.

Un coro de espantos sacude la memoria desvelando la esperanza. Como una sombra irresistible, los fantasmas de Ur acuden a sus recuerdos entre l√ļgubres llamaradas.

ÔĀ≤ÔĀįÔĀįÔĀļÔĀļÔĀįÔĀįÔĀĪ

Pero en esta encrucijada, nada parecía posible para hacer desistir a estos maloneros mitannios de invadir Egipto. Presa ansiada a la que ellos veían fácil de lograr, y que realmente les interesaba saquear… No pudiendo hacerlos retroceder y viendo el violento proceso que avanzaba en forma inevitable, Tuthmosis va a salir a su encuentro. Y forjará un nuevo e increíble concepto :

¬°Transformar a Mitannia
en su aliado político!

La resolución es sorprendente, sólo un hombre de mucha garra política puede concebir un juego diplomático de esta naturaleza. Es así que ante el estupor de todos los testigos de su tiempo (por su conocida oposición a la guerra) pactará con los bárbaros y hará de Mitannia el defensor más grande que tuvo nunca Egipto en sus fronteras.

Mitannia en adelante defender√° al Nilo contra todas las otras hordas b√°rbaras. Ser√° el feroz guardi√°n del Faraonato, sacrificando en su empe√Īo hasta la vida de su propio rey, en una de esas cl√°sicas refriegas entre arios. Pues demostr√≥ que, a pesar de su primitivismo, era capaz de una profunda y admirable lealtad.

El salvajismo de Mitannia radica en su atraso cultural. Cazadores de bosques, han caído sobre las ciudades civilizadas del Medio Oriente, diezmándolas y sin aprender nada. Los estragos que han dejado a su paso desalientan a todos, excepto al joven faraón Tuthmosis IV.

Las √ļnicas creaciones de los mitanios hasta aquel momento son guerreras, como por ejemplo un tratado sobre la cr√≠a de caballos firmado por ‚ÄúKukuli, del pa√≠s de Mitanni‚ÄĚ. Asimismo otros elementos de car√°cter b√©lico acorde con la √©poca, son creaciones suyas. Semejante a lo acontecido con los visigodos en Espa√Īa, donde el legado que dejan al idioma castellano es guerrero: ‚ÄúYelmo‚ÄĚ, por ejemplo.

No era f√°cil conquistar este deseado armisticio y convencer a los salvajes, de renunciar al bot√≠n. Pero el joven Fara√≥n se dispuso a lograrlo con toda la fuerza de su √°nimo juvenil. Le iba en juego mucho m√°s que su prestigio, era la palabra empe√Īada a la que un monarca con dignidad, no puede faltar. Todos los pol√≠ticos y ciudadanos del Nilo, como tambi√©n los habitantes orientales de la ‚Äúmedia luna f√©rtil‚ÄĚ, esperaban que √©l sacase una paloma de adentro de su Doble-Corona‚Ķ

Y lo hizo… Les había ofrecido un mundo nuevo, con otro mensaje, un mundo de Pax y convivencia …¡Y Tuthmosis IV iba a cumplirlo!

LA FARAONA RUBIA

Como clave de todo este proceso, el cual habría de sellar el pacifismo largamente aguardado en forma efectiva, figura el matrimonio de Tuthmosis IV con la hija del salvaje rey Artatama de Mitannia, peligroso pueblo bárbaro ario y precultural. Ello involucraba lograr la Paz para la civilización. Un devenir lleno de esperanza. Y se abría un nuevo capítulo para esta dinastía XVIII, presta siempre a adaptarse a los tiempos.

Como podemos ver no todo era quimera profética en este príncipe. Supo guiar cada una de sus acciones desde el momento inicial y colocarles su estilo. Su sello propio. Su naturaleza misma lo predisponía a la diplomacia y con audacia violaba el principio de preservación genética y racial del Faraonato…

¬°Pero salvaba a Egipto!

El rey Artatama se hizo rogar, por largo rato. Siete fueron las embajadas egipcias que se acercaron hasta la guarida del bárbaro, con el pedido de mano del Faraón por una de sus valquirias, con regalos cada vez más ricos y abundantes.

Primero ‚ÄĒdicen las cr√≥nicas mitannias‚ÄĒno crey√≥ Artatama en la veracidad de este pedido. Dudando de √©l envi√≥ a sus rudos delegados (mal vestidos y sucios) para confirmarlo. Volv√≠an los embajadores egipcios hasta √©l, confirmando el pedido, a fin de que con sus presentes (sofisticados y elegantes como los mensajeros que los portaban) desistiera de una campa√Īa de saqueo. Es de imaginarse el contraste que hac√≠an los enviados reales del Nilo, con los torpes y fornidos guerreros arios en aquella alborada de su historia. Los ba√Īados y perfumados egipcios, frente a la sudorosa y poco limpia soldadesca mitannia.

Artatama era rudo y primitivo. Inculto. Pero con la capacidad racional de su nueva raza ‚ÄĒla aria‚ÄĒ que dos mil a√Īos despu√©s producir√° en Europa un nuevo amanecer. Brillo cultural del cual todav√≠a hoy dependemos: la civilizaci√≥n occidental. Consult√≥ el gran cacique mitannio largamente con sus capitanejos (casi al borde de quebrar la paciencia egipcia) para dar el ‚Ķ‚ÄúS√≠‚Ä̂Ķ

Acto seguido le envió su hija a Tuthmosis IV. Esta sería la reina Mutemuia …¡La Faraona rubia!...

S√≠mbolo y sello de la paz definitiva para todo este reinado. El matrimonio pol√≠tico con la princesa aria, nos describe a Tuthmosis en su totalidad. Es el empe√Īo que un muchacho decidido puede llegar a tener para brindarse por entero, cuando toma una corona (doble en este caso) y debe concretar propuestas, sin anteponer valores o prejuicios. Con esa firmeza juvenil donde no existen vallas imposibles de sortear. A√ļn mismo, si se trata de salvajes que vienen incendiando‚Ķ¬°Porque hay que salvar a Egipto!

Los mitanios est√°n en el esplendor primigenio de su raza. No tenemos para comprenderlo m√°s que ver sus toscas figuras con las cuales intentan entrar con pasos a√ļn torpes, en el arte de la escultura. Es la especie aria en su estado puro, como los b√°rbaros que invadieron Roma... Rudos y salvajes en el plano cultural, pero espl√©ndidos en su contextura f√≠sica, como en el primer d√≠a de la raza.

As√≠ era Mutemuia: blanca, alta, ojos claros, muy rubia, fornida.. Debemos imaginarnos con curiosidad la extra√Īa pareja que formar√≠a, junto al fino y menudo fara√≥n Tuthmosis IV.

La delicadeza intelectual del rey, junto a la belleza fornida y primitiva de la reina. Incluso la coloración de sus respec¬tivas razas, que ellos dos representaban, era totalmente opuesta. La espléndida valquiria rubia de ojos claros, coloreaba con su estampa vigorosa esa corte amante de los ornatos. Y a su lado Tuthmosis: morocho, refinado y elegante, carente de rudeza. Mientras Mutemuia, la faraona rubia, bárbara, cohibida …¡Y recién llegada de la toldería!

Pero este mismo exotismo cautivó la sensualidad del príncipe heliopolitano y atrajo por completo a aquella dinastía XVIII, que a partir de allí haría ingresar valquirias mitannias por centenares en la corte egipcia. Y esto aparece con claridad en las figuras del arte naturalista de sus artistas.

Suponemos que la mestizaci√≥n dej√≥ huellas llamativas en la tierra del Nilo. Como un innovador en la materia, el joven Tuthmosis que por entonces ten√≠a poco m√°s de veinte a√Īos vibrantes de juventud, y educado para la est√©tica, inici√≥ la larga serie de estos amores llenos de encantamientos. Su esp√≠ritu amante de la belleza, debi√≥ deleitarse con aquel esplendor racial de cabellera color sol y ojos de cielo.

Eso s√≠‚Ķ luego de ba√Īar a las sucias valquirias de Mitannia.

Mutemuia dej√≥ buenos recuerdos en Egipto y se habl√≥ mucho de su voz. Era una cantante admirada, que extasiaba a aquellos cortesanos con un arte poco difundido entre ellos. Es corriente en las pinturas del Nilo ver escenas de m√ļsicos y bailarines, pero no de cantantes. Y una ‚Äúprima donna‚ÄĚ asombraba.

Por el contrario, todas las tradiciones arias nos hablan siempre del bel canto. Inclusive, iban a la guerra cantando. Cantan los arios de la India. Cantan los germanos y los francos. Los visigodos y ostrogodos. Los vikingos. Y los ‚Äúcantos de guerra‚ÄĚ, son parte esencial de sus herencias. Wagner, su √ļltimo gran propulsor, quien hizo su obra sobre tradiciones germ√°nicas-arias, habr√≠a escrito piezas especiales para Mutemuia ‚Ķla Faraona Rubia..

Sin duda ella penetr√≥ en aquellos refinados y deslumbrantes salones egipcios, como a un mundo m√°gico que la sobrecog√≠a. Desarraigada de su pueblo de nacimiento, a una edad muy fresca, tuvo el tiempo necesario para asimilarse. Y su hijo ‚ÄĒel famoso fara√≥n Amenofis III llamado ‚ÄúEl Magn√≠fico‚ÄĚ‚ÄĒ se presentaba junto a ella con orgullo, a√Īos despu√©s. Deb√≠a ser muy hermosa a√ļn, con esa belleza reposada de las valquirias maduras.

Había llegado a Egipto en el momento preciso en que se reimponía la política favorable a la mujer. Dado lo cual tuvo la responsabilidad de representar un papel importante, que quizás, es muy probable, le costó bastante. Sin recibir la formación de las princesas egipcias, se abrió paso por cauces personales que los escribas consignarían diciendo :

‚ÄúCon su voz hace feliz al mismo Dios‚ÄĚ.

ÔĀ≠ÔĀģÔĀ≠ÔĀļÔā°ÔĀģÔā°ÔĆ
_________________
ARS LONGA VITA BREVIS


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