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LA ULTIMA VENGANZA DE MAYOR (CRISTOBALITO) (EL CID)-REIR



 
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Autor Mensaje
VICENTE MOLANO
Aprendiz


Registrado: 18 Feb 2013
Mensajes: 146

MensajePublicado: Lun 26 Ago, 2013 2:25 am    Asunto: LA ULTIMA VENGANZA DE MAYOR (CRISTOBALITO) (EL CID)-REIR Responder citando

La Última Venganza De
Mayor

La buena suerte libra a muchos del castigo, pero no
libra a nadie del miedo.

Seneca



Llegó a la Egida la Piedad como cachorrito, alegre,
Juguetón, piponcito y bien tatito. Pastor alemán de color
negro y oro, fue presentado en una cesta, como regalo de
cumpleaños, a doña Pura Virtud de Cañizares por su nieto
Camilo, comandante de los Cadetes Nacionales, y por
quien la dulce anciana, agradecida, nombró: Mayor.
Según fue creciendo grandote y robusto fue extendiendo
su fama como el perro más manso y más bravo de todo el
barrio El Fanguito:

Manso para los dulces ancianitos de la Egida
La Piedad a quienes protegía con celo, y para
los santos párvulos del Liceo de Nuestra Señora de
la Inmaculada Concepción cuya verja colindaba con la égida.
Alegremente meneaba la cola haciendo morisquetas en el
suelo y brincoteos en el aire para complacer a los santos
niños que desde las aulas suplicantes le pedían:

-¡Engatúsate Mayor! ¡Engatúsate más! ¡Así, así, bien!

Bravo para los malandrines y pillos del barrio. ¡Ay de
aquel que anidando maldad en su corazón intentara traspasar
la “cyclone fence” que circundaba la égida. Entonces
Mayor se transformaba en un cancerbero de mil cabezas
y ciento cincuenta y siete libras prensadas de colmillo y
acero:

Como cuando Dimas Cachón, “El Gago”, trató de enchivarse
la radiola de doña Pura Virtud entreteniendo a
Mayor con una atractiva perrita sata. Mayor, presto a su
deber, hizo caso omiso de la Eva canina y lanzándose en
persecusión de Cachón le añadió el mote de “Gacho” a
el de “Gago”.

Habían transcurrido tan solo cuatro días cuando Cachón
tuvo la osadía de intentar tumbar a Pepito, el raro canario
fusha de doña Pura Virtud, lanzando tentadoras bolas de
carne al césped para entretener al canino guardián.
Desatendiendo el sabroso bocado, Mayor, todo patas y
ladridos, se lanzó en persecución y antes de que Cachón
pudiera librar los cuatro pelos de alambre de púas que
coronaban la “cyclone fence”, dio un salto y le añadió otro
mote más al bandido; el de: “güevo praco”.

-¡Co-coño, ésta me la pa-pagas o no me llamo Cachón!-
juró el caco.

A los pocos días una brillante idea, como suele suceder
a los que la constancia en el bien o en el error alumbra,
vino al coco del caco Cachón.

-¡Pssst! ¡Pssst! ¡Ni-niño ven acá! - alertó Cachón a Bertito,
un santo párvulo del liceo que deambulaba cerca de
la verja en su hora de recreo.

-Diga usted señor.

-Te doy este cho-chocolate si le das esta bo-bola de carne
a ese lindo pe-perrito para que se alimente.

-Bueno señor, si usted lo manda, así lo haré.

Mayor, en su intenso afecto y confianza en los santos
niños, nunca sospechó que el sabroso bocado que Bertito
le ofrecía estaba relleno de lejía y vidrio molido.
Cuando doña Pura Virtud fue a regar las bromelias del
jardín a la mañana siguiente, encontró el triste espectáculo
del cuerpo inerte sin vida de su protector mimado.
Desconsolada, después de mucho lloriqueo y lamentación,
la pobre anciana cayó en razón de que de alguna forma
habría que disponer del cuerpo del animal. ¿Pero qué
hacer?

Dándole vueltas al asunto, meciéndose en el balcón de
la égida, vio pasar a Cristobalito, el jovencito aguzao del
barrio, vendiendo pajuiles. Le llamó y, tras relatarle lo
sucedido, le preguntó si se le ocurría alguna idea para
disponer del cuerpo del animal. Cristobalito sugirió
llamar al alcalde, don César, pero la secretaria de éste lo
disculpó diciendo que tenía que asistir al bautizo de uno
de sus muchos ahijados y propuso que llamasen a los
alguaciles del barrio. Estos a su vez alegaron estar muy
ocupados siguiéndole la pista a un tal Cachín o Cachón
que últimamente estaba haciendo estragos en el barrio
y señalaron que tal vez los bomberos pudieran ayudar.
Los apaga-fuegos trajeron a su vez como razón para su
negativa la inspección anual de seguridad en las escuelas
y recomendaron a la Sociedad Protectora de Animales. La
Sociedad, descargando su responsabilidad, aceptó disponer
del cuerpo del animal cremándolo, mas como carecían
de vehículos, pidieron a doña Pura Virtud, que por favor
transportara el cuerpo hasta sus facilidades.

-¿Cómo vamos a llevarlo hasta allá si yo no poseo una
pisicorre, Cristobalito?

-Pues usando el trolley- sugirió el joven - echemos el
cuerpo en una bolsa o algo fuerte y entre usted y yo lo
cargamos hasta la estación.

-Ahora mismo bolsas no tengo, pero poseo una maleta
vieja que es grande y fuerte y muy bien nos servirá recordó
la anciana.

Así lo hicieron y con gran dificultad lograron acomodar
el cuerpo tieso y frío del pobre can dentro de los confines
de la maleta. Montaron el bulto sobre una teresina que
prestaron los santos niños del liceo y con doña Pura jalándolo
al frente y Cristobalito arrempujando atrás llegaron
a la estación y montaron en el trolley.

A eso de medio camino un moreno alto, fornido, de cabello
hervido y con cara de “yo no fui”, agarrándose del
pasamanos, fue acercándose poco a poco a la pareja e
insistentemente comienza a mirar la maleta haciendo que
no miraba. Al llegar el trolley a la estación de la calle
Cuatro Esquinas, no bien abrieron las compuertas, con un
movimiento harto ensayado, agarró la maleta y emprendió
veloz carrera calle abajo.

De momento todos los pasajeros se eslembaron ante la
desfachatez del ladrón, pasme que fue descongelado por
las risitas apagadas de Cristobalito y doña Pura Virtud.

-¡Jis, jis, jis!

El resto de los asombrados pasajeros se quedaron de una
sola pieza:

-¡Mire usted señora que le han robado su maleta!

-¡Oiga usted jovencito! ¿No ve que le han robado la maleta
a esa ancianita y usted no hace nada por recuperarla?

-¡Sí, sí... debería darle verguenza de estar riéndose, jovencito!
¿Qué de gracia hay en ello?

Doña Pura Virtud y Cristobalito, impotentes, no podían
contestar los señalamientos y cuando al fin recobraron su
compostura y relataron al resto de los pasajeros lo que
de cierto contenía la maleta... era que el trolley se quería
caer.

-¡Jo, jo, jo! ¡Ja, ja, ja!

Con pataleos y golpes en las ventanas descargaban los
pasajeros la adrenalina que el curioso incidente les provocaba.

-Ese patán- decía un señor de mediana edad - cree que la
pesada maleta contiene cámaras, carteras y joyas a montón
y cuando la abra encontrará el cuerpo frío y tieso del perro
con la lengua por fuera! ¡Ju, ju, ju!

-¡Ese pillín - decía una monjita - cuando abra la maleta
dirá: ¡Castigo de Dios!, y se quitará de pillo. ¡Ji, ji, ji!

Así fueron los pasajeros turnándose su sentir ante el curioso
incidente y el trolley se alejó zigzaguando alegremente
por la calle Cuatro Esquinas.

***

En la iglesia Nuestra Señora de la Santa Merced el padre
Donato se aprestaba a impartir el sacramento de la confesión
a los penitentes presentes. El primer penitente de la fila se
arrodilló en el confesionario y, con voz temblorosa,dijo:

-¡Pe-perdóneme padre po-po-porque he pecado...!



FIN
[size=18]

_________________
NO TENGO TALENTO PARA LA POESIA. LOS POEMAS QUE PUBLICO SON DEL ESPIRITU DE UN POETA FALLECIDO QUE HABITA EN MI (ESPIRITU DE SALVAT). ME DICTO SU PRIMER POEMA CUANDO TAN SOLO YO TENIA 14 AñOS.


Última edición por VICENTE MOLANO el Lun 07 Abr, 2014 11:30 pm, editado 2 veces


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VICENTE MOLANO
Aprendiz


Registrado: 18 Feb 2013
Mensajes: 146

MensajePublicado: Sab 01 Mar, 2014 7:36 pm    Asunto: Re: LA ULTIMA VENGANZA DE MAYOR (CRISTOBALITO) (EL CID)-REIR Responder citando




La Última Venganza De
Mayor

La buena suerte libra a muchos del castigo, pero no
libra a nadie del miedo.

Seneca



Llegó a la Egida la Piedad como cachorrito, alegre,
Juguetón, piponcito y bien tatito. Pastor alemán de color
negro y oro, fue presentado en una cesta, como regalo de
cumpleaños, a doña Pura Virtud de Cañizares por su nieto
Camilo, comandante de los Cadetes Nacionales, y por
quien la dulce anciana, agradecida, nombró: Mayor.
Según fue creciendo grandote y robusto fue extendiendo
su fama como el perro más manso y más bravo de todo el
barrio El Fanguito:

Manso para los dulces ancianitos de la Egida
La Piedad a quienes protegía con celo, y para
los santos párvulos del Liceo de Nuestra Señora de
la Inmaculada Concepción cuya verja colindaba con la égida.
Alegremente meneaba la cola haciendo morisquetas en el
suelo y brincoteos en el aire para complacer a los santos
niños que desde las aulas suplicantes le pedían:

-¡Engatúsate Mayor! ¡Engatúsate más! ¡Así, así, bien!

Bravo para los malandrines y pillos del barrio. ¡Ay de
aquel que anidando maldad en su corazón intentara traspasar
la “cyclone fence” que circundaba la égida. Entonces
Mayor se transformaba en un cancerbero de mil cabezas
y ciento cincuenta y siete libras prensadas de colmillo y
acero:

Como cuando Dimas Cachón, “El Gago”, trató de enchivarse
la radiola de doña Pura Virtud entreteniendo a
Mayor con una atractiva perrita sata. Mayor, presto a su
deber, hizo caso omiso de la Eva canina y lanzándose en
persecusión de Cachón le añadió el mote de “Gacho” a
el de “Gago”.

Habían transcurrido tan solo cuatro días cuando Cachón
tuvo la osadía de intentar tumbar a Pepito, el raro canario
fusha de doña Pura Virtud, lanzando tentadoras bolas de
carne al césped para entretener al canino guardián.
Desatendiendo el sabroso bocado, Mayor, todo patas y
ladridos, se lanzó en persecución y antes de que Cachón
pudiera librar los cuatro pelos de alambre de púas que
coronaban la “cyclone fence”, dio un salto y le añadió otro
mote más al bandido; el de: “güevo praco”.

-¡Co-coño, ésta me la pa-pagas o no me llamo Cachón!-
juró el caco.

A los pocos días una brillante idea, como suele suceder
a los que la constancia en el bien o en el error alumbra,
vino al coco del caco Cachón.

-¡Pssst! ¡Pssst! ¡Ni-niño ven acá! - alertó Cachón a Bertito,
un santo párvulo del liceo que deambulaba cerca de
la verja en su hora de recreo.

-Diga usted señor.

-Te doy este cho-chocolate si le das esta bo-bola de carne
a ese lindo pe-perrito para que se alimente.

-Bueno señor, si usted lo manda, así lo haré.

Mayor, en su intenso afecto y confianza en los santos
niños, nunca sospechó que el sabroso bocado que Bertito
le ofrecía estaba relleno de lejía y vidrio molido.
Cuando doña Pura Virtud fue a regar las bromelias del
jardín a la mañana siguiente, encontró el triste espectáculo
del cuerpo inerte sin vida de su protector mimado.
Desconsolada, después de mucho lloriqueo y lamentación,
la pobre anciana cayó en razón de que de alguna forma
habría que disponer del cuerpo del animal. ¿Pero qué
hacer?

Dándole vueltas al asunto, meciéndose en el balcón de
la égida, vio pasar a Cristobalito, el jovencito aguzao del
barrio, vendiendo pajuiles. Le llamó y, tras relatarle lo
sucedido, le preguntó si se le ocurría alguna idea para
disponer del cuerpo del animal. Cristobalito sugirió
llamar al alcalde, don César, pero la secretaria de éste lo
disculpó diciendo que tenía que asistir al bautizo de uno
de sus muchos ahijados y propuso que llamasen a los
alguaciles del barrio. Estos a su vez alegaron estar muy
ocupados siguiéndole la pista a un tal Cachín o Cachón
que últimamente estaba haciendo estragos en el barrio
y señalaron que tal vez los bomberos pudieran ayudar.
Los apaga-fuegos trajeron a su vez como razón para su
negativa la inspección anual de seguridad en las escuelas
y recomendaron a la Sociedad Protectora de Animales. La
Sociedad, descargando su responsabilidad, aceptó disponer
del cuerpo del animal cremándolo, mas como carecían
de vehículos, pidieron a doña Pura Virtud, que por favor
transportara el cuerpo hasta sus facilidades.

-¿Cómo vamos a llevarlo hasta allá si yo no poseo una
pisicorre, Cristobalito?

-Pues usando el trolley- sugirió el joven - echemos el
cuerpo en una bolsa o algo fuerte y entre usted y yo lo
cargamos hasta la estación.

-Ahora mismo bolsas no tengo, pero poseo una maleta
vieja que es grande y fuerte y muy bien nos servirá recordó
la anciana.

Así lo hicieron y con gran dificultad lograron acomodar
el cuerpo tieso y frío del pobre can dentro de los confines
de la maleta. Montaron el bulto sobre una teresina que
prestaron los santos niños del liceo y con doña Pura jalándolo
al frente y Cristobalito arrempujando atrás llegaron
a la estación y montaron en el trolley.

A eso de medio camino un moreno alto, fornido, de cabello
hervido y con cara de “yo no fui”, agarrándose del
pasamanos, fue acercándose poco a poco a la pareja e
insistentemente comienza a mirar la maleta haciendo que
no miraba. Al llegar el trolley a la estación de la calle
Cuatro Esquinas, no bien abrieron las compuertas, con un
movimiento harto ensayado, agarró la maleta y emprendió
veloz carrera calle abajo.

De momento todos los pasajeros se eslembaron ante la
desfachatez del ladrón, pasme que fue descongelado por
las risitas apagadas de Cristobalito y doña Pura Virtud.

-¡Jis, jis, jis!

El resto de los asombrados pasajeros se quedaron de una
sola pieza:

-¡Mire usted señora que le han robado su maleta!

-¡Oiga usted jovencito! ¿No ve que le han robado la maleta
a esa ancianita y usted no hace nada por recuperarla?

-¡Sí, sí... debería darle verguenza de estar riéndose, jovencito!
¿Qué de gracia hay en ello?

Doña Pura Virtud y Cristobalito, impotentes, no podían
contestar los señalamientos y cuando al fin recobraron su
compostura y relataron al resto de los pasajeros lo que
de cierto contenía la maleta... era que el trolley se quería
caer.

-¡Jo, jo, jo! ¡Ja, ja, ja!

Con pataleos y golpes en las ventanas descargaban los
pasajeros la adrenalina que el curioso incidente les provocaba.

-Ese patán- decía un señor de mediana edad - cree que la
pesada maleta contiene cámaras, carteras y joyas a montón
y cuando la abra encontrará el cuerpo frío y tieso del perro
con la lengua por fuera! ¡Ju, ju, ju!

-¡Ese pillín - decía una monjita - cuando abra la maleta
dirá: ¡Castigo de Dios!, y se quitará de pillo. ¡Ji, ji, ji!

Así fueron los pasajeros turnándose su sentir ante el curioso
incidente y el trolley se alejó zigzaguando alegremente
por la calle Cuatro Esquinas.

***

En la iglesia Nuestra Señora de la Santa Merced el padre
Donato se aprestaba a impartir el sacramento de la confesión
a los penitentes presentes. El primer penitente de la fila se
arrodilló en el confesionario y, con voz temblorosa,dijo:

-¡Pe-perdóneme padre po-po-porque he pecado...!



FIN
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_________________
NO TENGO TALENTO PARA LA POESIA. LOS POEMAS QUE PUBLICO SON DEL ESPIRITU DE UN POETA FALLECIDO QUE HABITA EN MI (ESPIRITU DE SALVAT). ME DICTO SU PRIMER POEMA CUANDO TAN SOLO YO TENIA 14 AñOS.


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waseem123
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Registrado: 30 Sep 2014
Mensajes: 2

MensajePublicado: Mar 30 Sep, 2014 8:38 am    Asunto: nice POST Responder citando

cumpleaños, a doña Pura Virtud de Cañizares por su nieto
Camilo, comandante de los Cadetes Nacionales, y por
quien la dulce anciana, agradecida, nombró: Mayor.
Según fue creciendo grandote y robusto fue extendiendo
su fama como el perro más manso y más bravo de todo el
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Aumariza
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Registrado: 08 May 2017
Mensajes: 2

MensajePublicado: Lun 08 May, 2017 3:31 am    Asunto: I need all my friends to talk to. Responder citando

I want to find a job that can work as a team.

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